
Refuxos en Porto Quilmas
El Olimpo Celta, el macizo granítico del Monte Pindo, contempla el mar desde las alturas, el mar del fin del mundo, y el horizonte, que cada atardecer enrojece y esconde el sol, hasta las tinieblas, que cada día se renuevan…
Los bolos graníticos descienden hacia el mar y asoman de tanto en tanto… hasta que por fin se concentran en el puerto natural de Quilmas, refugio de la Edad de Hierro, y hábitat desde entonces.
Este enclave natural señala el punto de descanso, el lugar protegido que permite asomarse al mar. Y las construcciones pespuntean el entorno, como barcas varadas que se acomodan sobre el terreno.
El manto vegetal sobre el lienzo granítico, muy irregular, conformó un conjunto informe de casetas de pescadores, algo así como un organismo vivo que actuase por contacto, construyendo el hábitat con granito, como si todo saliese del interior de la tierra, casi al borde del mar para servirse de él…
Con el tiempo, estos viejos refugios de cubierta a dos aguas y de escala precisa, se vieron complementadas por nuevas viviendas con otros materiales y otras formas… pero el lugar conservó su escala, y esto le salvó.
Nuestra pregunta fundamental remite a los orígenes de la Arquitectura, a sus primeros pasos, tal vez a su esencia: ¿cómo establecemos el plano horizontal?
Y decidimos sobre elevarlo sobre los bolos graníticos que descienden al mar.
El resto es un eco de las primeras casetas, que ahora se elevan para mirar al horizonte, que cada atardecer enrojece, y llega la noche, y se renueva el día…






